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15 may 2015

BarceloNina #55. De viejos

Se despertó en su piso, sola, como cada mañana. Se duchó con la radio de fondo. Habituada a esa emisora y ese programa, podía saber qué sección venía a cada momento y canturrear cada melodía que la acompañaba. Ese control le daba tranquilidad y, en cambio, ante un programa especial por ejemplo tras un accidente, estaba tensionada y no podía hacer más de una cosa a la vez: la vida tras el aparato de pronto la inquietaba y requería toda su atención. Se vistió, y como ese día no tenía que ver a nadie especial, pensó que se pondría ese conjunto que ya tenía hecho (de tantos otros días en los que no tenía ninguna cita) e iría cómoda. Pantalones de pinza negros y un jersey gris con cuello de pico. Se miró al espejo y acarició sus arrugas en lo alto del pecho mientras se echaba crema con oficiosidad, como asumiendo que tenía ella que cuidar su rostro puesto que nadie a lo largo del día iba a concederle una caricia. Luego se puso los zapatos cómodos. Se había dado cuenta, recientemente, de que ya no soportaba los tacones y que se le habían ensanchado los pies. Apagó la radio antes de marcharse de casa, porque no quería ser una de esas viejas que aunque salgan de casa dejan la radio sonando. Odiaba eso y siempre lo decía, "es de viejos", y ella y sus amigas solteras se reían y encontraban cientos de costumbres de viejos. "Por favor, si alguna vez acabo así, ¡decídmelo!", les pedía, reivindicando su juventud por contraposición. Bajó a comprar el pan. Las calles del centro parecían el cementerio de la noche anterior, con algún vivo aún agonizando. Botellas de cerveza rotas, latas, meados, colillas mojadas por el agua sucia con la que limpiaban las calles a manguerazos... el barrio olía a cenicero, todo últimamente tenía ese tufo. Las revistas de ocio que querían gustar exaltaban esa zona por su combinación de tradición y modernidad, en cambio ella creía que habían matado la tradición a base de hipocresía y moda. No, no le molestaba la innovación pero ésta, en concreto, vamos, por favor, no se sostenía por ningún lado. Pensó "yo, de joven, ¿fui así algún día?".  Con "así" quería decir muchas cosas. Por ejemplo, si ella habló alto diciendo memeces; si fue tan hipócrita como para defender todas las causas en conversaciones y luego contradecirlas con su actitud; si creyó tener la razón en tantas cosas; si fue tan segura de sí misma como parecía que lo eran los "jóvenes de ahora" (¡eso de "los jóvenes de ahora" es muy de viejos! pero no estaban sus amigas para avisarla); si su actitud demostró soberbia. No, desde luego que no. Se cruzó con una mujer de unos 50 años que parecía volver de una fiesta. Pensó que no se debían llevar muchos años y, sin embargo, qué vida tan diferente. Esa señora seguro que se ofendería si la llamaran señora, pensó; jaja, se río por dentro; seguro que le sentaría mal el vino malo y se pondría medias de comprensión al llegar a casa. Le parecía ridículo no que llevara otro estilo de vida, sino que no le diera vergüenza pertenecer al estilo de vida que ella reprobaba, una estirpe de borregos que se creían especiales, personas que quedaban sólo para hablar de ellas mismas: vomitaban sus vidas e ideas, escuchaban poco y nunca conversaban de otras causas más nobles como la sociedad, el colectivo, la humanidad. Era testigo de ello a menudo cuando iba a tomarse un cortado por el barrio y descubría que le daba vergüenza ajena ese egocentrismo. Entonces, se levantaba de la silla antes de lo que tenía planeado por no tener que seguir escuchando insensateces, y se iba jorobada pero al menos sentía que era consecuente. ¡Hacía tanto que ella no hablaba de ella misma! ¡Eso sí que era honrado, tener a todas horas conciencia de lo poco que significamos como individuos! ¿Qué iba a explicar, en cualquier caso? A su edad, no tenía todavía tantas citas con los médicos como para hablar de ello, como hacían los viejos en los que no se quería convertir, ni una vida tan de escaparate y marketiniana como los jóvenes a los que no se quería parecer. Entró en la panadería y compró una barra de cuarto larga. Recordó que una vez se la pidió un dependiente y ¡no sabía lo que era! ¡Una barra de cuarto larga! Y le hizo escoger entre una serie de nombres románticos que no decían nada ("de pueblo", "rústica", "provenzal"...), a lo que respondió con un adiós y un portazo. Esta vez sobraría pan, como siempre, pero pensó que lo congelaría para no tener que volver a salir a comprar a la mañana siguiente. Así evitaría darse de bruces de nuevo con este mundo y todo este malestar, sentirse en desacuerdo le resultaba agotador. De vuelta a casa, abrió la puerta de la portería, entró y se apoyó en el pasamanos para subir las escaleras. No era tan joven como para ir brincando, ni vieja como para subir al primero en ascensor. No pertenecía a nada, a nadie ni a ningún lugar. Sólo era ella.

23 nov 2014

BarceloNina #52. El antiemprendedor

No sé cuáles son las 10 claves que hay que tener claras antes de sentarse a hablar con un business angel. Nunca he ido a un congreso de emprendedores ni start-ups y espero evitarlo en la medida de lo posible. No entiendo por qué no se utiliza el homólogo castellano del mentoring, ni de tantos otros anglicismos. En este mundo les encantan.

No calzo deportivas para dar charlas ni visto camisetas con mensajes optimistas e ingeniosos a modo de consejos vitales, aforismos de emprendedor a los que desviar la atención en medio de una charla (perdón, pitch) en la que conmueve a la audiencia y entusiasma con un discurso que saca lo mejor de nosotros mismos. No, yo no tengo ese talento. Nadie grabará una presentación mía para reproducirla como ejemplo de motivación. Yo soy más del realismo sucio, de leer a Bukowski y Fante y aparcar la biografía de Steve Jobs. No tengo tablet.

Hay emprendedores que dedican más tiempo al autobombo y a parecer una empresa happy que a su proyecto. Hay cincuentones con dos coches llamándose emprendedores. De verdad, está pasando. También odio el hecho de esta palabra otorgue un talento innato a la persona: ¿Acaso no es más meritorio no haber nacido para ello y haber conseguido sacar adelante un proyecto, a base de aprendizaje y experiencias? No soporto la palabra emprendedor y todo lo que se asocia a ella.

Creo que un verdadero emprendedor -como yo lo entiendo- lleva implícito el riesgo, el molar menos y ser un poco pringado: no tener recursos, ser joven como para que no siempre te tomen en serio pero que en cambio te exijan responsabilidades como a un veterano, vivir en un piso compartido, comer muchos cereales por pereza a cocinar, estar perdido y tener la cautela... de creer más en tu proyecto que en ti.

12 ene 2014

BarceloNina #48. Al exclusivo precio que aparece en pantalla

Me encuentro una ciudad que arrastra los pies a pesar de usar bastón. Las calles de la zona alta están llenas de ancianos, como si los hubieran echado a todos de sus casas a la misma hora, la del sol matutino de un día festivo de invierno. Rezan por que el semáforo para peatones se ponga rojo y así poder descansar sin que se note que se han visto obligados a parar para coger oxígeno urbano. Algunos llevan bajo el brazo a una cuidadora probablemente latina, que mientras les escucha mascullar chatea por el móvil.

También hay algunos rincones, más a medida que se está más cerca del centro, abundados por la juventud afligida que luce las primeras canas y las primeras calvas, esa que no sabe hasta cuándo podrá llevar mochila y decir que algo “mola” porque en realidad no sabe nada de su futuro y se cuida de preocuparse por ello. Entre este colectivo que tiene por dogma la sensibilidad 'sport', se encuentra una chica, que abandona una conversación dominada por frivolidades (“y a mí qué el precio de los forfaits de las pistas de esquí”, me ha parecido escuchar que pensaba) y busca un aliado. Instalando un biombo ficticio, monta una nueva conversación más íntima en una esquina de una mesa: “Ahora soy infinitamente más feliz que antes, pero nunca he vuelto a sonreír como entonces”, susurra a su compañero mientras deja que le coja de la mano con la caricia menos protocolaria.

En el supermercado atestado de montañas de turrones y cava infantil la cajera pregunta con monotonía –“¿Tarjeta cliente?”. –“No y no la quiero”.

La programación televisiva se interrumpe con las vacaciones escolares. Ofrece relleno a momentos sin hora ni actividad como los de un atardecer después de una comilona, en los que muchos se emboban con la teletienda, ven programas de reformas de casas en los que se ponen manos a la obra para destruir el gotelé que pifia toda una pared y rezan para poder esquivar las películas tontas de Santa Claus, espíritus de la Navidad y padres en apuros en fechas señaladas. “Y todo, al exclusivo precio que aparece en pantalla”. El ardor se pasea por un estómago que está demasiado arriba y contestan que no, que no quieren nada para cenar.

Madres que se refugian en los regalos de los niños para ocupar un tiempo que, de estar libre, les llevaría al vacío. Maridos infelices que -desde el baño- desean feliz año a la chica con la que querrían estar, cuando logran escaparse del hocico pintado de su mujer. Políticos disfrazados de pajes reales en cabalgatas, un secreto que develarán algún día en alguna entrevista, para dar una imagen cercana de ellos mismos para compensar alguna torpeza o escándalo. Cincuentones que compran una colonia rebajada para sus amantes, con la que han conseguido después de tantos días de compromisos familiares.

Barcelona, envejecida, espera el boom de la ortopedia, tiene unos pocos tristes jóvenes -cada vez menos jóvenes-, parece que va a comisión y -aunque va de moderna- lleva fatal la salada desestructura familiar. Le desfavorecen los rituales de Navidad, tan dulces, pero sigue teniendo rincones sin iluminar en los que se entronan las excepciones, a oscuras, solo a la luz de quien las enfoca.

29 sept 2013

BarceloNina #46. Liguillas, el perfecto affair entre semana

Artículo publicado en Unfollow Magazine




A horas intempestivas entre semana, cuando muchos ya están vistiéndose el pijama y listos para acostarse con la desazón dominante de las últimas 15 horas de rutina, otros se calzan unas botas multitaco para que al menos un día no acabe como todos los demás. Es el fenómeno liguilla, una relación gratificante que pide poco y da mucho. Entre sus escasas condiciones, más allá del pago del alquiler de las instalaciones y la organización, está la elección de los componentes de este affair y un nombre digno para el equipo. Pero no cualquiera. Debe ser un código dichoso, bucólico, bobo, corporativo o relacionado con las bebidas alcohólicas –sí, es un género en sí mismo-. De este modo, una noche se pueden ver las caras conjuntos como el “Real Barriga”, “Swarovski”, “Maschemalos”, “Bar Jumilla”, “Glober Torpes”, “Full ‘n’ beer”, “Volldammers” y el “Viejas glorias”.

Juegan en las ligas, torneos, pachangas, competiciones… como quiera que se llamen donde quiera que se jueguen, a escoger entre patios de colegios de monjas a los que se les da una bendita segunda vida nocturna, centros deportivos que consiguen revitalizar barrios dormitorio por los que solo se ve a perros pasear a sus amos con la corbata aflojada, o pistas en la periferia que quedan más o menos cerca de la última parada de la línea de metro más larga.

Joan del “Golorrea” se puede decir que cumple con el estándar nominal exigido. Él está tan convencido del efecto descongestionante y excretor de estas ligas que, además, juega en otros dos equipos. En total: lunes, jueves y viernes. “Es que lo necesito, lo necesito”, se justifica. Como él, muchos otrOs –la mayoría masculina es aplastante- ven en la práctica del deporte un refugio. Son ya las tantas de la noche en el recinto deportivo y otros dos jugadores de su mismo equipo se saludan al llegar. “¿Qué tal el curro?” –pregunta uno. “Bah, un follón…”, responde con una o que se alarga hacia el vestuario.

Mientras tanto, en el recinto de la EscolaTarr de Barcelona, David del “FullersTeam” queda con los amigos que siendo un niño conoció en los recreativos y que, desde hace tres años, pasaron a ser ‘los amigos del fútbol’. Acaba un partido e inmediatamente entran ellos a jugar. “Yo hoy soy muy suplente, eh”, advierte uno de los fullers a otro compañero, disputándose el puesto en el banquillo. Es difícil reconocer a los miembros de un mismo bando porque no todos tienen la equipación: algunos llevan camisetas de un color parecido, otros petos con el nombre “provisional” en la espalda, como si fuera su apellido… el resultado es que hay tal gama de colores que podrían cubrir todo el Pantone. Hasta el árbitro lo advierte: “Yo creo que nos vamos a liar”. Antes de que dé comienzo el partido, en uno de los campos el portero calienta nervioso. “El que tenemos es un portero adaptado, pero lo hace muy bien”, explica un jugador mientras estira en la banda. “Es que el que teníamos antes opositó”.

¿Y qué importa la informalidad? ¿Quién quiere una equipación? ¿Y un cuerpo técnico? “Yo cambiaré por Davo o por Emi”, comenta uno de los jugadores en el banquillo inexistente. “Vale, pues yo por Ricky”, le dice el otro con el cronómetro en la mano para controlar los cambios cada 5 minutos y que todos jueguen más o menos lo mismo. Pachanga sí, pero con un poco de seriedad: “A mí me ha pitado una que… ¡no era, no era!”. ¿Y quién quiere público? Gradas vacías, claroscuros, verjas que rodean campos sin nadie que las rodee, silencio roto por gritos en el terreno de juego que reverberan… “¡Buena, Pancho buena!”, anima uno de los jugadores desde el lateral, sin que parezca que le importe que cada vez llueva más. Poco después, su equipo pide un tiempo muerto: hoy solo tienen un cambio porque dos componentes no han podido ir. Y obviamente no hay entrenador, así que todo se lo dicen ellos: “Un poco de ganas, ¿no?”; “¡más intenso!”; “¡pases fuertes!”. Las posiciones no están claras. El que hoy no juega (está saliendo de una gripe) va aconsejando desde la banda.

Todos hacen de todos, sin importar el tipo de relación que les une: exjugadores que por el ritmo profesional ya no pueden comprometerse con equipos federados, entrenar varias veces por semana e hipotecar el fin de semana por el partido; colegas del trabajo que quieren verse sin la americana de por medio; compañeros del colegio que lo serán para toda la vida; propietarios de un negocio que ‘engañan’ a sus amigos y familiares para montar un equipillo… Sea cual sea su origen, la magia está en que, probablemente, muchos de estos grupos humanos se diluirían sin la cita de las liguillas. Las conversaciones entre ellos, contrarios y árbitro son constantes, y después de un largo día pueden soltarse y hablar sin eufemismos de nudo de corbata. Lo bueno es que rara vez esperan respuesta: “¿De qué vas tío, entrando así?”, y todo sigue normalmente.

Ocasionalmente, el desfogue que se permiten algunos jugadores puede ser desmesurado y se crean las tensiones típicas de los campos de fútbol, esas escenas que dan entre miedo y vergüenza ajena. “Yo he visto de todo”, confiesa Marisín empuñando las manos. Pero, afortunadamente, los árbitros tienen la capacidad de frenar estas circunstancias anecdóticas. El de hoy pita una falta y todo un equipo protesta. Pero les advierte: “Las quejas las dejamos en casa”. Se retoma el juego. “¡Ojo tiro!”, avisan desde el banquillo. No ha servido para nada, los contrarios han metido gol desde medio campo. “Si veo que se pasan, saco tarjeta y luego la organización les sanciona sin jugar equis partidos”, explica Juanjo, árbitro desde el 82 que admite haber pasado por muchos “follones” y sabe de la importancia del respaldo del centro deportivo para reprimir las situaciones conflictivas.

Pero en principio, todo va como la seda. Los jugadores llegan, entran, se cambian, juegan, firman, se van. Y así todos los equipos. Es un modelo que funciona casi solo, porque funciona bien. Todo acaba donde empezó: en el bar. Pero algo breve, “que si no mañana…”. Compartiendo mesa con botellines de agua y latas de cerveza, hamburguesas y lomo-quesos, uno le pregunta al otro por el trabajo, otro habla de su hermana, el de más allá pregunta por cómo quedó aquello del otro día… “Celebramos que me cambio de trabajo”, irrumpe uno de ellos. En otras mesas, comentan algo de Rossi y Lorenzo, aplicaciones móviles, especulaciones sobre lo que habrá hecho el “TeamRockets” ya que condiciona la clasificación… La charla se alarga más de lo acordado. La noche de liguilla se convierte en una dulce relación, con poco compromiso para que llegue a absorber, con el suficiente para que genere apego y antojo… y el justo para que sea perfecta, temporada tras temporada. Ya es de madrugada y hace rato que se ha acabado el día del fútbol, pero el affair se permite unos minutos antes de la despedida hasta la próxima semana.

 La soledad del portero, en un partido con lluvia, es un poco más épica si cabe

Olor a Frankfurt, cartas plastificadas, 5,90€ un bocadillo y una jarra de cerveza de ½ litro. 
Bolsas de deporte en el suelo, Aquarius y tranquilamente se comenta cómo ha ido el partido

 El Golorrea. Perdieron el último partido 5-4. Pero hay que decirlo todo: les faltaban dos jugadores y tuvieron la victoria muy cerca

 Tabla de clasificaciones. A la luz de un foco se comprueba quién sube, quién baja y quién disfruta de la placentera mitad de la tabla


29 jun 2013

BarceloNina #40. El principio del camino

Unas palabras sobre "la auténtica enseñanza del hombre" abren el discurso del tutor de los alumnos de segundo de Bachillerato en el acto de entrega de bandas. Al principio escucho atentamente con la esperanza de encontrar algo inspirador, pero siento lástima por los chavales que acaban hoy las clases y a los que solo regalan lugares comunes como "el final de la vida escolar, el principio del camino" y "etapa para formarse como profesionales y sobre todo como personas".
Me parece que es una desvergonzada alusión a la educación idílica, pues muchos de los profesores que hoy están sobre el escenario -afortunadamente, no todos- han practicado de septiembre a junio una docencia poco ejemplificadora. Son los profesores de la crisis, sin esperanza y cargados de realismo sucio que les impide transmitir ilusión a sus alumnos para que ellos sí encuentren su camino. Pero, ¿cómo juzgarlos?

El acto continúa. Padres engalanados repitiendo el conjunto de la comunión de un sobrino, parejas divorciadas que hacen un esfuerzo por llevarse bien -"hoy es su día"-, adolescentes a los que los padres de sus amigos piden que dejen de crecer, que al final no sabrán dónde meterlos de lo altos que se están poniendo; un chino que empezó el curso sin saber castellano ni catalán recoje su banda y su orla vestido con un traje blanco, en medio de un aplauso sonado por parte de los profesores; un chaval que antes tenía granos y ahora está "majote" -según comentan unas madres entre el público- se tropieza al subir al escenario, resquicios de su pasado como marginado de la clase; un recogido de peluquería desfavorece tremendamente a una chica que todavía tiene que encontrar su estilo y mientras tanto va embutida en un vestido de gasa fucsia; y juraría que el profesor novato se pone nervioso al dejar caer las bandas sobre los impuros hombros descubiertos de sus alumnas.

Después de la breve ceremonia, el cinismo se apodera de las conversaciones en los corrillos de amigos, familias y profesorado, en el patio del colegio. La crisis, la expatriación de los jóvenes, la inutilidad de los estudios, el refugio laboral de las dobles licenciaturas, las prejubilaciones, el paro.
Me aíslo en unos canapés de salmón y queso para evadirme de este colmo educativo al que nos empeñamos en buscar una finalidad, sin acierto. En la indecisión de comerme la tostada sobre un plato o directamente, un chaval me acerca una servilleta. Me confiesa que no tiene ni idea de qué hacer, mientras se pasa de una mano a otra la banda del bachiller. Me gustaría explicarle mi presentiemiento e ideal de que, dentro de unos años, se valorarán más los currículums personales que los académicos: Qué libros lees en tu tiempo libre, exposiciones que has visitado, dónde has viajado, qué haces los domingos, qué te gusta de tus amigos, a qué hora te despiertas y en qué crees que eres bueno. Pero su madre está cerca y me echa una mirada coaccionándome al silencio, supongo que para evitar que distorsione el camino que ella ha escrito para su niño como, por ejemplo, frustrado arquitecto que pasará toda su vida queriendo reinventarse.


17 abr 2013

Barcelonina #30. Sin un duro

Son muchas las secciones de recomendaciones de ocio y cultura de los medios que se han puesto las pilas para ofrecer un contenido adaptado a las nuevas necesidades, es decir, que propongan actividades baratas.
Entre muchas otras, están Barcelona por 4 euros, Time Out con su apartado "Gratis! Sortir sense gastar" y demás agendas que pretenden dar una nueva vida a las actividades en centros cívicos y bibliotecas. Supongo que, viendo el filón, La Vanguardia ha querido dedicar hoy su sección “De compras”, en las páginas salmón, a un día para una joven urbanita sin un duro. Hasta ahí, bien. ¿Pero qué pasa cuando nuestras expectativas chocan con la realidad? Cualquier chica joven urbanita que no tenga un duro y lea esta página entrará en depresión inmediata, como cuando sabes que no puedes gastar y vas solo a mirar tiendas.


En el artículo se recomienda empezar el día “poniéndose en marcha” con una camisa Lacoste, unos Levi’s y unos zapatos F-Troupe que, según Google (siento mi incultura sobre moda para jóvenes sin un duro), no son una ganga precisamente. Luego propone desayunar en la pandería Turris, manzanas eco de La Bioteca o cualquier producto de la Veganoteca. Al mediodía sugiere una “escapadita” (los dimininutivos suenan a más barato) al atelier de Teresa Helbig para comprarse un vestido para ir a una boda. Después de esta durísima mañana de joven urbanita sin un duro, ¿por qué no comer unos yakisoba en Sushibox? Y luego, para trabajar un poco, podrías alquilar una bici que necesitas para un cliente en My beautiful Parking (la próxima burbuja será la de ‘hemos querido pedalear por encima de nuestras posibilidades'). Pero, ¡al tanto!, todavía queda mucho día por delante: a las 15 horas toca repasarse el flequillo en una peluquería en la que los muebles están en venta, se organizan exposiciones, así como tiendas y restaurantes temporales… Es curioso, porque en ningún momento se habla de dinero aunque todo lo que proponen cueste lo suyo, y lo que destacan de esta actividad de peluquería moderna bajo el epígrafe "Encargos" es que "se se está a gusto”. Esto empieza a sonar ya a reconchineo. No acaba aquí; más tarde toca “Merendola” en La Pastisseria y proponen la tarta de cereza, el milhojas o el Massini. Tras haber cogido fuerzas y antes de que anochezca, se tiene que ir a la tienda Nordicthink para comprar un juguete a la hija de una amiga de su hermano (en serio). Se ve que en esta tienda tienen “juguetes que no hacen nada: sencillos, de madera, sin motorcitos, pilas ni ruidos". Imagino que si son jueguetes que no hacen nada y no indican el precio, es porque no costarán nada. ¿O sí? En fin, y qué mejor que acabar el día de esta chica urbanita sin un duro en casa, en el sofá, leyendo un libro comprado en La Central. Y es que se está la mar de bien siendo pobre y se pueden hacer la tira de cosas sin dinero, ¡que no nos hagan creer lo contrario!


28 mar 2013

Barcelonina #26. Un físico teórico

Esta semana se estrena en el cine La soledad de los números primos, la adaptación de una novela que se presentó en España en 2009, escrita por Paolo Giordano. Éste fue su bautizo en el mundo de la literatura y tuvo un gran éxito, apoyado quizá por la modestia de un chaval joven y de profesión... físico teórico. El libro se convirtió en un best seller gracias a su aproximación a los adolescentes raros, y es que los chalados no son un público reducido, más bien una masa excepcional.

Esta es la entrevista al autor, publicada en Efe el 7 de marzo de 2009. Como suele ocurrir en estos casos, fue una entrevista breve, compartida con otro periodista, con las barreras de un traductor, y con la poca espontaneidad de estar emmarcada en su gira de presentación.


***

La soledad de los números primos, la novela más vendida en Italia en 2008, relaciona soledad, geometría y literatura a manos de su autor, Paolo Giordano, un licenciado en Física teórica de 25 años que ha conseguido el éxito con su primera publicación literaria, según ha dicho en una entrevista con Efe.
La soledad de los numeros primos (Salamandra) ha recibido el Premio Strega de literatura, uno de los más prestigiosos de Italia, y Giordano ha admitido que el hecho de que él provenga de un campo totalmente diferente al de la literatura puede haber contribuido, en un primer momento, a despertar el interés por su novela.
Sin embargo, Giordano cree que lo que verdaderamente ha gustado ha sido su modo de aproximación a la escritura -"libre y desconsiderado"-, abandonando la literatura viciada por la propia literatura con un estilo sencillo y directo.
En la novela, los dos protagonistas, Mattia y Alice, evolucionan desde su adolescencia hasta la madurez, ambos afectados por traumas y personalidades solitarias y complejas, y entre los que se establece una relación especial, la misma que tienen los llamados números primos gemelos, aquellos contiguos pero que nunca llegan a tocarse porque están separados por un número par, como el 17 y el 19.
Esta metáfora es una de las numerosas que se establecen entre realidad y matemática y geometría a lo largo de la novela, sobre todo a los ojos de Mattia, con el que el autor se siente muy identificado y lo reconoce como una "versión extrema" de él mismo.
Sobre los traumas de ambos personajes -Alice sufrió un accidente y es anoréxica, y Mattia provocó de niño la desaparición de su hermana y es una persona con dificultades para relacionarse en sociedad-, el autor explica que "ciertas heridas no tienen una superación real", y en la novela él apuesta por "convivir con los hechos que nos marcan" y que sean incorporados a la propia personalidad: "forman parte de uno mismo".
La soledad de los números primos aborda la soledad desde la perspectiva romántica: "es una soledad que vale la pena cultivar", una mezcla entre "la soledad negativa y dolorosa" y su "parte bella, profunda y enriquecedora", ha señalado Giordano.
El autor ha mostrado su rechazo al tipo de "experiencias que limitan a la persona" y, efectivamente, ha sabido sacarle partido a sus vivencias con su primera publicación, con un fuerte componente autobiográfico y dedicada a una amiga suya del colegio "que tiene mucho que ver en este libro" porque juntos tenían una relación parecida a la de los personajes.
El motivo que ha llevado a este físico teórico a escribir ha sido que "hay mucho tiempo por llenar" y ha querido "buscar un modo de expandir el conocimiento y la vida", tal y como ha explicado el autor, que combinó la escritura de la novela con su trabajo en la universidad con una beca de doctorado.
Precisamente, el poco tiempo que su trabajo le permitía para dedicarse a la escritura ha provocado que la novela esté fragmentada en capítulos cortos, porque de este modo "me organizaba el tiempo", según ha explicado Giordano, que escribió la novela trabajando en ella tres veces por semana, por las noches, durante nueve meses.
El autor ha confesado que le gusta leer a sus referentes literarios -McEwan, McCarthy y Cunningha- mientras escribe, aunque admite que en ocasiones se ha de limitar para no escribir lo mismo.
Giordano ha admitido que sus futuras publicaciones son "un verdadero reto" por las expectativas creadas tras La soledad de los números primos y, aunque no ha empezado a escribir la que será su próxima novela, ya tiene la idea: un adulto que contempla la infancia en perspectiva.
La infancia y la adolescencia son constantes en su escritura -también en los cuentos cortos que ha ido escribiendo hasta ahora, pero que no ha publicado-, y el autor dice que "son temas que siempre vuelven a mí cuando me pongo a escribir".


2 dic 2012

Barcelonina #17. Café y té



Un café después de comer

“Ara estic amb el naming, sas? Bufff... Doncs el què et deia: Hem anat al cafè Santa Eulàlia a donar-nos un homenatge; un esmorzar de princeses. Nooo, és que al final si estem a l’estudi treballant no podem parlar de veritat, sas no?... La idea és concebre tot el tema del sushi del restaurant X per vendre’l amb una altra marca als súpers i tal, en plan Opencor, amb bandajetas molonas. Ara estem amb tot el curru del disseny del packaging, del naming... Estem pensant en canviar-nos d’estudi. Aviam, que ens va molt bé, eh? Però costa diners, sas? Ens queda massa gran per nosaltres. Hem demanat presu per ficar un vidre, llaons podríem dividir-lo i llogar-lo... A l’Eli li ha anat de puta mare estar amb nosaltres. S’ha nutrit molt dels de l’estudio, sas? Ha pillat el nostre rotllu. Ara la veus i porta pantalons rasgats, d’aquest pal. Fins i tot està molona, la tia!... M’he mossegat tant les ungles que em fan mal. Jaja, és que sóc un desastre, pavu. Em vaig posant gomes a la muñeca i al final ni m’enrecordo de treure-me-les... El què et deia: és com un loft neoyorkino, el despatx... Ja et veig cansat ja. Ara tens una estona per fer una siesta maja, no? Quina sort tenen alguns, que es poden permetre anar a l’Apolo entre setmana... Buah, és que sóc d’aquelles persones que quan algú li entra malament, ja no hi ha res a fer... És que és fatal això de les ungles eh. Estic tan nervi que no paro de menjar. Podríem fer un postre, no?"

Un té antes de cenar

"Pues muy muy contento eh. Estaba en el diario X, de prácticas en la sección de economía, haciendo los comentarios de bolsa. Se fue el que los hacía y mira, me lo dijeron a mí y encantado, porque es como un texto de análisis pero muy literario, sabes? Tienes cacho de libertad. Se me acabaron las prácticas y ahora nada, en la agencia de comunicación X. Un rollo bastante financiero. A ver, no es el trabajo de mi vida, yo soy periodista, eso lo tengo claro, pero bueno... Tía es que me propusieron entrar en la agencia de noticias X los fines de semana y lo dejé porque no podía… De 9 a 16.30! O sea yo salía igual por la noche, sabes? Hacía lo que quería. Pero iba muy estresado y lo dejé. Ahora en la agencia de comunicación trabajo en paseo de Gracia con Valencia, al lado de casa… es que es genial! Estoy supercontento. Tal y como está el patio… A ver, el periódico me gustaba mucho, pero es un equipo que está superdemacrao, la media de edad es de 50 años, hace tiempo que no entra nadie nuevo. Al principio ni me saludaban. Y tía… no sé, yo necesito el contacto con la gente. Una se cabreó porque “el becario escribe más que yo, que llevo más tiempo”. Pero a ver, qué voy a hacer yo? Les apetecía más llenar el espacio con mis líneas... Me lo pasé genial. Hice un reportaje sobre un grupo de restaurantes y no veas, comida gratis, cena gratis, me dijeron “ven cuando quieras”. Vaya si me aproveché: fui dos días con amigos y me invitaron, luego me hicieron la tarjeta descuento. Otro día me pasó con una tiendas, fui y me decían “llévate esto, llévate lo otro”. Salí con dos macetas, un peluche… Soy fácil de comprar jaja. Me venden la moto rápido.

Pues en la agencia de comunicación somos cinco. Todo chicas y yo. Te quería proponer una cosa… A ver, que he quedado contigo porque me apetecía cacho hacer un update y ponernos al día eh, jaja, pero que también te quiero explicar una cosilla… Como blogger de moda que eres, superseguida, he pensado en regalarte ropa, te la enviaríamos a casa. Llevo la comunicación de la empresa de moda de venta por catálogo X. Te pagaríamos algunos viajes… Es que ha cambiado mucho eh, la nueva colección está muy muy conseguida. Por ejemplo? Pues chaquetas, vestidos, zapatos, monos… Te gustan los monos? Pues tienen uno jaspeado que es total! Ah, también uno de cuadros. Bueno, y lo típico: chaquetas oversize etc. Sí, los zapatos son en plan salón… Pero la han hecho más pija esta colección, hay cosas que son monas. He llamado a estilistas, bloggers… pero las bloggers a las que he llamado no… Lo bueno del evento que les estamos organizando a los de la venta por catálogo es que habrá catering!

A ver, mis padres están contentos, un montón. Ellos en realidad lo que quieren es que gane pasta… He tenido mucha suerte: estar en el lugar adecuao, en el momento adecuao… bueno sí sí, y yo, que lo valgo! La verdad es que me lo he currao… Y en el diario X también. Pero no sé, todos los reportajes que se hacen son propuestas de agencias de comunicación, que te los plantean y los acabas cogiendo. Si estuviera en sociedad, haría reportajes sobre el Bicing, más callejeros, sabes? Ya, la de relaciones públicas es una zorrilla, se ponía en las fotos con las bloggers, posando a saco. Tampoco voy a opinar, pero… Querría abrir un blog de estilo masculino. Cómo lo ves tú, que sabes de esto? Es que donde se me va el dinero es en ropa. Mis padres me preguntan “y ésto?”. Y es que no pasa un día que no me compre una prenda nueva… A veces son incluso cosas que me compro y luego no sé con qué ponerme… mi madre flipa. Vivir en casa me está cansando. Igual sí que me plantearía independizarme con algún amigo, en un año… es que el dinero se me va muy rápido.

Ya, si en el fondo se trata de tener un blog para que te inviten a fiestas y tal. Tienes que tener un blog para justificar que te regalen cosas y eso. Estas uñas que te hicieron por blogger son una pasada! No, no te las saques! No sé, creo que cada uno tiene su público. Pero hoy en día la gente no se moja, así de mal va este país".

6 nov 2012

Barcelonina #15. Filtros sin fronteras

El número de visitas que recibe Rich Kids Of Instagram lo sitúa como uno de los fenómenos del momento. Este blog, que en Twitter se puede localizar con las siglas RKOI, tiene la particular gracia de recoger las fotos que cuelgan algunos usuarios de Isntagram. Pero no escogidos al azar, como por ejemplo alguien normal que pueda hacer una foto con filtro antiguo a una tapa de pulpo a la gallega y una cerveza un domingo a la hora del vermú, no; solo aquellos groseramente ricos. En las fotos de RKOI se ven niñatos con yates, con yates con toboganes, coches de lujo, botellas de champán, pieles, aviones privados, oro, palacios... vaya, poca broma.

La idea es muy buena, de hecho suele tener éxito cualquier blog superespecializado, sin importar cuál sea su especialidad. Pero este tiene el aliciente de que es muy dado al cotilleo y eso, en general, gusta. Aunque les propondría pasarlo a papel (no sé si una edición semanal sería suficiente para saciar nuestra sed de insulto) con el objetivo de fomentar la vejación en compañía, una experiencia mucho más intensa, como hace la revista Cuore con sus "Args", pero en vez de personajes borrachos con Chibeca, con Moët. Sin duda Instagram ha dado pie a nuevas actividades de ocio... ¿Se hacían bermús tan guays antes de Instagram? ¿Existían los escaparates vintage? ¿La gente comía hamburguesas en restaurantes que parecen museos? ¿Se podían llevar tatuajes y joyas a la vez sin ser excluido por la sociedad? ¿Había padres en tejanos y bambas? Nunca lo sabremos porque nuestra memoria històrica solo alcanza ahora hasta la fecha de nuestra incorporación en cada una de las redes sociales. Pese a que el mérito de Instagram es que cualquier cosa parezca muy molona, lo que impresiona de las fotos de RKOI no tienen nada que ver con los filtros, porque se comentarían incluso si no estuvieran pasadas por el colador moderno de esta aplicación. Con una bolera dentro de la habitación, ¿quién se fija en la tempertura de la fotografía, amarilla hasta el límite, por cierto?

Por eso, propongo otro blog: Poor Kids of Instagram (PKOI), en el que verdaderamente se comprobará el poder de Instagram de convertir cualquier miseria en chic. Ya lo estoy viendo: contenedores en blanco y negro, sacos de dormir en cajeros en una foto con borde de polaroid, instantánea de un mendigo comiendo fruta robada en el banco de un parque (pero con filtros rojizos, que hace más de picnic), una foto con ese filtro que quema las zonas sobrexpuestas y en la que aparezca un desempleado sentado en un espigón... Es ahí donde la magia de Instagram saldrá a relucir, embelleciendo artificialmente lo más trágico. Después de la gran acogida que pronostico a PKOI, espero el concurso de fotografía de guerra con Instagram. ¿O ya existe?

14 jun 2012

Barcelonina #4. Contracrónica




Quería decir que nadie nos ha aplaudido.

Nadie lo ha hecho y, a ver, no es que necesitemos que nos 'enjabonen', como se diría en catalán, pero bueno... no estaría de más que dejáramos de oír cómo nos critican sin conocimiento de causa... Que sí, que siempre con respeto hacia los que son mayores que nosotros, pero joder, es muy fácil generalizar y decir que los jóvenes no pegan ni sello desde la altura de otra generación llena de bonanza, de excitación posfranquista, de coche-casa-segunda casa-y-domingos al restaurante, y de madres que regalan tetas pa' la nena en su graduación.

Nosotros tenemos que aguantar insultos como que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Perdón eh, perdón por lo que voy a decir, pero os podéis ir a la mierda. Somos muchos los que estamos con la lengua fuera, que luchamos por conseguir un trabajo, muchas veces nos tenemos que conformar con un puesto que no complace nuestras ilusiones, hacemos horas y días extra que no computan, cobramos sueldos de risa, nos dejamos exprimir hasta la humillación y luego... luego tenemos que aguantar cosas como que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Y que somos vagos, y que no tenemos sangre en las venas ni motivaciones, y que... Para nosotros, tener dos hipotecas y 5 créditos no es una motivación. No, gracias.

Solo quería decir que nadie nos ha aplaudido. Vamos un poco justos cada mes pero, por alguna razón, seguimos gastando en libros y en ir a conciertos que nos animan a soñar, a trasladarnos a otro mundo bastante más agradable que el que nos han dejado otros. Para nosotros es un refugio. De vez en cuando cenamos en una taberna, porque sí, porque nos gusta y -uf, bendito viernes- porque lo necesitamos para hacer algo que requiera contacto, improvisación y el entrañable error humano (que de lunes a viernes es inconcebible). Nos gusta hacer cafés (y decirlo así: "hacer un café") en sitios bonitos y aprovechar la consumición para quedarnos tranquilamente pensando, leyendo o escribiendo. Vamos al cine después de un paseo dominical, porque no desperdiciamos ni un momento con nuestros amigos y casi siempre decimos que sí. A veces se nos va un poco de las manos y organizamos calçotadas, unos 20 euros que amortizamos tremendamente bien, porque después del romesco nos estiramos en el césped de la finca y eso -la compañía, prestarnos atención, charlar con todo lo que significa charlar (no hablar mientras se mira el móvil), arremangarnos y tomar el sol, coger el tren juntos fuera de la ciudad- es maravilloso.

Solo quería decir que nadie ha aplaudido nuestra ilusión por hacer este tipo de cosas, una ilusión que genera más riqueza (intelectual, sentimental y económica) que todos los recortes y subidas de impuestos juntos.

Y quizás es trivial, inoportuno si quieres, pero esta es mi contracrónica (¿puede haber coontracrónica si no ha habido crónica?) de la sesión de DJ Coco con la que se cerró el Primavera Sound 2012. Esto es lo que sentí en aquel 'no hay mañana' donde todos decidimos aplaudirnos, porque nadie lo iba a hacer por nosotros.