Hoy ha sido un buen día. He llamado a la peluquería para pedir hora y me han preguntado si iría ya con el pelo limpio. He ido a una cafetería y me he sentado en una mesa de dos a tomar un café pensando que, a pesar de que en ese momento la cafetería estaba vacía, más tarde podían venir varios grupos y ocupar las varias mesas de cuatro que había, mucho más cómodas que las pequeñas, teniendo en cuenta que el servilletero, la carta, el soporte de la carta y la botella de aceite de oliva ocupaban la mitad de la superficie. Se ha acabado llenando el bar a la hora del café de los oficinistas y me han pedido muy amablemente que me cambie a la barra para que se pudiera sentar una pareja. De ahí he caminado hasta el consultorio médico, donde el especialista me ha recetado un relajante muscular pese a mis insistentes explicaciones de dolor, convencida de que no eran tensionales. He entrado en la primera farmacia con la que me he cruzado y he comprado las pastillas con
cierta vergüenza, esforzándome para poner cara de no estar loca ante el dependiente. Luego he ido a otro especialista que tras revisar con calma el escáner de mi cráneo ha detectado una infección y me ha dado día y hora para la intervención quirúrgica necesaria. He comprado un par de cosas en el supermercado, y he dado el dinero justo al cajero disfrazado de bebé gigante que me atendía. Me he cruzado con un conocido mío, periodista, que sin quererlo ha revelado el poco respeto que le merezco por no trabajar para un diario (si el respeto se midiera según un puesto de trabajo, la complicidad con el póder de los grupos mediáticos sería el súmmum de la integridad periodística). He sonreído mientras me explicaba lo muy ocupado que estaba reproduciendo comunicados de partidos políticos. Le he dicho que me tenía que ir cuando ya llevaba demasiado rato aguantando cómo se labraba su figura iconoclasta, rechazando incuestionables solo por llevar la contraria y hacerse el sabio impostor que acierta con nuevos y atrevidos puntos de vista. Hacía sol y aún así me han juzgado por beber antes de las 13:00 horas. He propuesto a una amiga ir juntas a ver una película al cine y me ha dicho que no podía pero que también tenía muchas ganas de verla, que se la reservara. Me he quedado sin ir con ella al cine y sin poder ir a ver la película. Me he preguntado hasta cuándo sería lícito esperarle y si sería desconsiderada por fer-li el salt. He cenado comida japonesa acompañada de un vino tinto que estaba ácido. No nos lo hemos bebido, nos hemos quejado y no nos lo han cobrado. Me han vuelto a juzgar, esta vez por no beber después de las 22:30 horas y media. He tonteado con el taxista que me ha llevado de vuelta a casa, entrada ya la noche en una jornada laborable. Le he dicho que era la primera vez que subía a un taxi y me gustaba la música que sonaba. Me ha dicho que de día solía escuchar información, pero que así era como le gustaba acabar un buen día.
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1 mar 2014
28 mar 2013
Barcelonina #26. Un físico teórico
Esta semana se estrena en el cine La soledad de los números primos, la adaptación de una novela que se presentó en España en 2009, escrita por Paolo Giordano. Éste fue su bautizo en el mundo de la literatura y tuvo un gran éxito, apoyado quizá por la modestia de un chaval joven y de profesión... físico teórico. El libro se convirtió en un best seller gracias a su aproximación a los adolescentes raros, y es que los chalados no son un público reducido, más bien una masa excepcional.
Esta es la entrevista al autor, publicada en Efe el 7 de marzo de 2009. Como suele ocurrir en estos casos, fue una entrevista breve, compartida con otro periodista, con las barreras de un traductor, y con la poca espontaneidad de estar emmarcada en su gira de presentación.
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Esta es la entrevista al autor, publicada en Efe el 7 de marzo de 2009. Como suele ocurrir en estos casos, fue una entrevista breve, compartida con otro periodista, con las barreras de un traductor, y con la poca espontaneidad de estar emmarcada en su gira de presentación.
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La soledad de los números primos, la novela más vendida en Italia en 2008, relaciona soledad, geometría y literatura a manos de su autor, Paolo Giordano, un licenciado en Física teórica de 25 años que ha conseguido el éxito con su primera publicación literaria, según ha dicho en una entrevista con Efe.
La soledad de los numeros primos (Salamandra) ha recibido el Premio Strega de literatura, uno de los más prestigiosos de Italia, y Giordano ha admitido que el hecho de que él provenga de un campo totalmente diferente al de la literatura puede haber contribuido, en un primer momento, a despertar el interés por su novela.
Sin embargo, Giordano cree que lo que verdaderamente ha gustado ha sido su modo de aproximación a la escritura -"libre y desconsiderado"-, abandonando la literatura viciada por la propia literatura con un estilo sencillo y directo.
En la novela, los dos protagonistas, Mattia y Alice, evolucionan desde su adolescencia hasta la madurez, ambos afectados por traumas y personalidades solitarias y complejas, y entre los que se establece una relación especial, la misma que tienen los llamados números primos gemelos, aquellos contiguos pero que nunca llegan a tocarse porque están separados por un número par, como el 17 y el 19.
Esta metáfora es una de las numerosas que se establecen entre realidad y matemática y geometría a lo largo de la novela, sobre todo a los ojos de Mattia, con el que el autor se siente muy identificado y lo reconoce como una "versión extrema" de él mismo.
Sobre los traumas de ambos personajes -Alice sufrió un accidente y es anoréxica, y Mattia provocó de niño la desaparición de su hermana y es una persona con dificultades para relacionarse en sociedad-, el autor explica que "ciertas heridas no tienen una superación real", y en la novela él apuesta por "convivir con los hechos que nos marcan" y que sean incorporados a la propia personalidad: "forman parte de uno mismo".
La soledad de los números primos aborda la soledad desde la perspectiva romántica: "es una soledad que vale la pena cultivar", una mezcla entre "la soledad negativa y dolorosa" y su "parte bella, profunda y enriquecedora", ha señalado Giordano.
El autor ha mostrado su rechazo al tipo de "experiencias que limitan a la persona" y, efectivamente, ha sabido sacarle partido a sus vivencias con su primera publicación, con un fuerte componente autobiográfico y dedicada a una amiga suya del colegio "que tiene mucho que ver en este libro" porque juntos tenían una relación parecida a la de los personajes.
El motivo que ha llevado a este físico teórico a escribir ha sido que "hay mucho tiempo por llenar" y ha querido "buscar un modo de expandir el conocimiento y la vida", tal y como ha explicado el autor, que combinó la escritura de la novela con su trabajo en la universidad con una beca de doctorado.
Precisamente, el poco tiempo que su trabajo le permitía para dedicarse a la escritura ha provocado que la novela esté fragmentada en capítulos cortos, porque de este modo "me organizaba el tiempo", según ha explicado Giordano, que escribió la novela trabajando en ella tres veces por semana, por las noches, durante nueve meses.
El autor ha confesado que le gusta leer a sus referentes literarios -McEwan, McCarthy y Cunningha- mientras escribe, aunque admite que en ocasiones se ha de limitar para no escribir lo mismo.
Giordano ha admitido que sus futuras publicaciones son "un verdadero reto" por las expectativas creadas tras La soledad de los números primos y, aunque no ha empezado a escribir la que será su próxima novela, ya tiene la idea: un adulto que contempla la infancia en perspectiva.
La infancia y la adolescencia son constantes en su escritura -también en los cuentos cortos que ha ido escribiendo hasta ahora, pero que no ha publicado-, y el autor dice que "son temas que siempre vuelven a mí cuando me pongo a escribir".