El número de visitas que recibe Rich Kids Of Instagram lo sitúa como uno de los fenómenos del momento. Este blog, que en Twitter se puede localizar con las siglas RKOI, tiene la particular gracia de recoger las fotos que cuelgan algunos usuarios de Isntagram. Pero no escogidos al azar, como por ejemplo alguien normal que pueda hacer una foto con filtro antiguo a una tapa de pulpo a la gallega y una cerveza un domingo a la hora del vermú, no; solo aquellos groseramente ricos. En las fotos de RKOI se ven niñatos con yates, con yates con toboganes, coches de lujo, botellas de champán, pieles, aviones privados, oro, palacios... vaya, poca broma.
La idea es muy buena, de hecho suele tener éxito cualquier blog superespecializado, sin importar cuál sea su especialidad. Pero este tiene el aliciente de que es muy dado al cotilleo y eso, en general, gusta. Aunque les propondría pasarlo a papel (no sé si una edición semanal sería suficiente para saciar nuestra sed de insulto) con el objetivo de fomentar la vejación en compañía, una experiencia mucho más intensa, como hace la revista Cuore con sus "Args", pero en vez de personajes borrachos con Chibeca, con Moët. Sin duda Instagram ha dado pie a nuevas actividades de ocio... ¿Se hacían bermús tan guays antes de Instagram? ¿Existían los escaparates vintage? ¿La gente comía hamburguesas en restaurantes que parecen museos? ¿Se podían llevar tatuajes y joyas a la vez sin ser excluido por la sociedad? ¿Había padres en tejanos y bambas? Nunca lo sabremos porque nuestra memoria històrica solo alcanza ahora hasta la fecha de nuestra incorporación en cada una de las redes sociales. Pese a que el mérito de Instagram es que cualquier cosa parezca muy molona, lo que impresiona de las fotos de RKOI no tienen nada que ver con los filtros, porque se comentarían incluso si no estuvieran pasadas por el colador moderno de esta aplicación. Con una bolera dentro de la habitación, ¿quién se fija en la tempertura de la fotografía, amarilla hasta el límite, por cierto?
Por eso, propongo otro blog: Poor Kids of Instagram (PKOI), en el que verdaderamente se comprobará el poder de Instagram de convertir cualquier miseria en chic. Ya lo estoy viendo: contenedores en blanco y negro, sacos de dormir en cajeros en una foto con borde de polaroid, instantánea de un mendigo comiendo fruta robada en el banco de un parque (pero con filtros rojizos, que hace más de picnic), una foto con ese filtro que quema las zonas sobrexpuestas y en la que aparezca un desempleado sentado en un espigón... Es ahí donde la magia de Instagram saldrá a relucir, embelleciendo artificialmente lo más trágico. Después de la gran acogida que pronostico a PKOI, espero el concurso de fotografía de guerra con Instagram. ¿O ya existe?
No hay comentarios: