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20 jul 2012

Barcelonina #7. El viernes y el sábado del Bilbao BBK Live 2012


Dos horas espectaculares de Radiohead en un festival al alza, redondeado por las actuaciones de Mumford & Sons y Garbage

Radiohead deslumbraron durante dos horas el recinto de Kobetamendi, donde el Bilbao BBK Live alcanzó su cima. Este año la asistencia en tres días se cifra en más de 100.000 personas, también gracias al tirón de bandas como Mumford & Sons y Garbage

Si The Cure coparon el cartel del jueves, Radiohead fue reclamo más que suficiente para la jornada del viernes del Bilbao BBK Live (o mejor dicho, para todo el festival), y más teniendo en cuenta que aseguraron que éste era su único concierto previsto en España. Con un sabor de boca algo amargo, Thom Yorke y los suyos se plantaron en Kobetamendi sin desconvocar la cita bilbaína tras el accidente ocurrido en Toronto hace menos de un mes, cuando se derrumbó el escenario horas antes de un concierto, en un accidente en el que falleció un técnico de su equipo, Scott Johnson.

De acuerdo que ver el show previsto con pantallas móviles y una pantalla gigante de Led probablemente habría sido legendario, pero no nos engañemos, después de ver el pedazo de concierto que ofrecieron, cualquiera se atreve a decir que apechugaron con lo que pudieron. En las casi dos horas que duró, Radiohead presentaron su último disco, “The King Of limbs”, con temas como “Bloom” y “Lotus Flower”, pero también hubo tiempo para complacer a los menos puestos, con himnos míticos como “Idioteque”, “Paranoid Android”, “Karma Police” y con el colofón final de la enorme “Everything In Its Right Place” (con una intro de “After The Gold Rush”). No se pudo pedir más; bueno sí, que no cayera una tormenta y que solo chispeara, lo justo para hacer el momento más memorable si cabe, mientras se cantaban baladas sin complejos. Una postal.

Un rato antes, el cuarteto de chicas Warpaint ya se había encargado de prepararnos en la introspección, con su rock algo psicodélico que fue a conjunto con la foto general de aires apocalípticos: viento sacudiendo el fondo del escenario y nubarrones negros acechando a lo lejos. Pero el tiempo aguantó, y vaya si aguantó bien. Lo hizo nada menos que con Mumford & Sons, que estuvieron enormes y reunieron a muchísimo público en el difícil escenario principal. En plan director de orquesta, Marcos Mumford salió de punta en blanco e hizo enmudecer a todos con su voz rasgada. Pero a partir de ahí, todo fue un desmelene muy cowboy, y pese a que avisó de que se había roto la mano y no podía tocar demasiado, se le vio entregadísimo cantando, tocando el bombo con una mano y el sonajero con otra. Y nosotros preocupados por darnos golpes en la cabeza con una mano a la vez que dibujamos círculos en la barriga con la otra… Estuvieron soberbios, él y el resto de la banda con montones de instrumentos y una puesta en escena con lámparas y para de contar. Sin duda, la alegría más elegante del festival.

Hasta que lancen el nuevo disco y vuelvan a España en septiembre a presentarlo, habrá que conformarse con temas que van avanzando (tocaron “Lover Of The Light” y “Below My Feet”) y con los subidones de su impresionante primer disco, como “Little Lion Man”, “Winter Winds” y el memorable de “The Cave”, canción con la que concluyeron el concierto y que hizo saltar al público hasta que el polvo se levantó en las primeras filas de la pista. ¡Yijah!

El sábado sufrió un bajón de asistencia notorio, sin un cabeza de cartel al frente, algo que no obstante se agradeció puesto que desahogó el recinto y lo hizo mucho más transitable, dónde vas a parar. Los conciertos fueron más flojos –también lo estaban nuestras energías, digámoslo todo–, pero Garbage estuvieron enormes y mereció la pena quedarse un día más. (Cabe recordar que dos entradas de día individuales eran más caras que el abono completo, por lo que de este modo muchos se dejaron convencer y se quedaron también el sábado). A lo que íbamos: Shirley Manson fue un espectáculo, yendo de lado a lado del escenario con unos taconazos (que no dudó en quitarse al final para cantar “I’m Only Happy When It Rains” corriendo en círculos), guapísima, expresiva, fotogénica, tirándose al suelo para cantar la mítica “Why Do You Love Me”, dándolo todo en “Push it” y “Blood For Poppies”, en las que el público respondió entregado. Ni siquiera el fallo técnico que hubo casi al final del concierto y que dejó en silencio a todo el grupo la hizo parar, puesto que siguió como si nada, se resolvió el problema y volvió el sonido, y sin quererlo provocó un subidón de aúpa.

Y es que si el carisma lo es casi todo, también hay que pensar en, por ejemplo, The Kooks y Awolenation (el viernes) y el espasmódico Eli Paperboy Reed (el sábado), tres conciertos que aunque contaron con dispares cantidades de público consiguieron el mismo resultado en los festivaleros: bailar, bailar y bailar. Casos que demuestran que los líderes son vitales para trasladar al público este buen rollo de “estoy como una regadera y quiero contagiarte”. Recibido. Y apuntado queda Awolenation, un descubrimiento de Los Ángeles, con un tipo al frente –Aaron Bruno– con un vozarrón, pelo rubio de envidia, rock electrónico y mucho don de gentes.

El buen nivel evidenció –se acerca un lugar común– la buena salud del festival, que alcanzó los 109.000 espectadores entre los tres días, la cifra más alta en los siete años que lleva de vida. De todos modos, hay un pero: sí a que los números crezcan y bravo por que siga siendo en pro de la calidad, pero ojo con caer en la trampa de querer abarcar demasiado espectro, porque eso podría volverse en su contra del festival, impidiendo que tenga un perfil más definido para ser un festival que guste a todos sin conseguir convulsionar a nadie. Y queremos larga vida a las emociones fuertes.



 Mumford & Sons se salieron


 El fenómeno Awolenation


 Awolenation


Explosión en Radiohead


Etienne de Crecy


Eli Paperboy Reed

Bis: Lo que se oyó por ahí




Festivaleros en el bus de subida al recinto de Kobetamendi


1. Vetusta Morla salieron a tocar saludando a Donostia, y cuando los silbidos del público hicieron evidente su error intentaron corregirlo enumerando otras ciudades vascas para acabar diciendo que saludaban a todo Euskadi. Muy patillero. 


2. El extraño fenómeno de la mini carpa Vodafone, entre el escenario 1 y el 2, liderada por un DJ vestido de negro y a todas horas gente dándolo todo. Habría que analizar esto.

3. El olor a kebab en medio de un concierto cuando el de al lado abre la boca, y le dices que no gracias, que ya has cenado y no quieres repetir.

4. Después de hacer cola para coger el bus, para comprar tickets, para comprar comida y bebida, para ir al WC y para simplemente caminar (había zonas demasiado estrechas), hubo atrevidos que hicieron cola para que les maquillaran. Ansias de riesgo.

5. Gente con cara de haber acampado en la zona 3, la única que no se llenó y que tenía un desnivel de aproximadamente el 20%. Algunos se justificaron diciendo que sólo llevaron al extremo la recomendación de dormir con los pies en alto.

6. Siguiendo con la acampada, pocas duchas para tantos acampados. Un acampado confesó que se le pasó por la cabeza la idea de irse a duchar durante el concierto de Radiohead para no encontrarse con cola.

7. Buses de varias autonomías para las lanzaderas desde Bilbao hasta Kobetamendi, y aún así hubo colas que hacían que uno se planteara subir al recinto haciendo trecking.

8. La barra del montículo de detrás del escenario principal y el sueño de bajar haciendo la croqueta hasta la primera fila.

9. Gente que se compró solo entrada de día del sábado para ver a Keane, que además volverán solos en concierto a España en octubre (???).

(Crónica públicada en Playground)

17 jul 2012

Barcelonina #6. El jueves del Bilbao BBK Live 2012

The Cure, protagonistas (para bien y para mal) de la primera jornada del festival 

El retraso de una hora en el comienzo de The Cure (que, a la vez, congelaba el resto de escenarios) lastró un poco el funcionamiento de la jornada inicial del Bilbao BBK Live. A cambio, Robert Smith ofreció un concierto memorable y Bloc Party otro enérgico.



Tribes 

Es fantástico que, en esta época del año en la que ya se empiezan a recibir emails automáticos de “estaré fuera de la oficina hasta…”, uno se escape unos días a Bilbao y suba hasta Kobetamendi para disfrutar de buena música en el monte, como dirían los anfitriones vascos. Antes de que te empiecen a preguntar eso de que a dónde te vas de vacaciones y tú no quieras contestar porque simplemente no lo sabes, te encuentras tomando algo con los amigos bajo una puesta de sol estival, o todo lo estivales que pueden ser en estas frescas tierras. Con esa alegría del “ya se verá”, pero de momento voy al BBK, casi 37.000 asistentes –según datos de la organización festival– que superaron los problemas logísticos (la odisea de llegar al recinto y la cola para la compra de tickets para bebida y comida se llevaron la palma) y se plantaron, sobre todo, para ver las tres horas de concierto del cabeza de cartel la primera noche, The Cure.


The Cure 

La banda liderada por Robert Smith sufrió problemas técnicos y el concierto se atrasó casi una hora, algo que descuajeringó las estrategias de los más aficionados, que para la maratón habían calculado al minuto sus viajes al WC, el repostaje en la barra de bebidas e incluso el reparto del peso en cada una de las piernas. Ante la impaciencia del público, Smith salió a disculparse y se marcó tres temas acústicos que bien valieron la espera –“Three Imaginary Boys”, “Fire In Cairo” y “Boys Don’t Cry”, canción que acabaría repitiendo junto al resto de la banda a lo largo del concierto. Olé. Ya agrupada, la banda ofreció un inicio de concierto potente que no obstante se fue diluyendo con el paso de las horas. Sonaron hits esperados como “In Between Days”, “Pictures Of You”, “Lullaby”, “Just Like Heaven” o “Lovesong”, pero excepto para los más fanáticos de The Cure, el concierto se hizo excesivamente largo y Robert Smith era el único que parecía tener energía (una lección a su edad, no titubeó en ningún momento). El público del festival, bastante dispar, no tuvo otra opción, dado que la programación de los otros escenarios quedó congelada mientras el cuarteto tocaba: una estrategia desacertada que enfrío a muchos. 

Quizá porque detectaron el cansancio o porque no quisieron retrasarse de su horario previsto, Bloc Party salieron a tocar más que puntuales y al primer sonido de sus guitarras consiguieron arrastrar en un segundo a miles de asistentes con ganas de bailoteo, a la vez que James Murphy hacía lo propio –o más– en otro de los escenarios. Kele Okereke estuvo la mar de simpático –un tipo como él saludando en euskera es ya de por sí un show– y atinó combinando temazos de la etapa inicial de Bloc Party, como “Banquet”, “Here We Are”, “Hunting For Witches” y la maravillosa “This Modern Love”–, con canciones del álbum “Four”, a punto de salir del horno, como “Real Talk” y “Octopus”, cuyo vídeo además presentaron el pasado miércoles.


   

Bloc Party 


La ajetreada tarde de llegada la calentaron artistas como Band Of Skulls (¡qué bien sonó “I Know What I Am”!) y Lori Meyers. Por su parte, Ben Howard y Tribes fueron las opciones más alternativas de las primeras horas, una especie de polos opuestos –el yerno que las madres querrían tener versus los chicos malos de la clase, respectivamente– que gozaron de un público muy entregado para tratarse del inicio del festival. Supongo que todos somos un poco contradictorios y buscamos el oxímoron cuando primero cantó temas como “In A Corner Of An English Field”, “Sappho” o “When My Day Comes”, y luego dejándonos seducir por la dosis de folk surfero de esta edición, de la mano de Howard, entonando “Keep Your Head Up”, “Fear” y la sentida “The Wolves”, con la que gritar una y otra vez aquello de “we lost faith in the arms of love”.



Ben Howard

(Crónica publicada en Playground)