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19 feb 2017

BarceloNina #64. La mala letra

Regalo libros sin dedicar, aunque a mí me encanta dedicarlos. Evito la tinta y opto por la explicación oral (que se olvida demasiado rápido) para que unas líneas no sean el foco de rabia, cuando los libros descansen en estanterías ajenas. Así no levantaré sospechas infundadas y podré seguir quedando con ellos, mis amigos hombres y heterosexuales con novia/mujer/familia.

No es fácil ser la-amiga. Y no soy la única mujer que lo piensa.

Para la pareja de tu amigo heterosexual, siempre serás la entrometida que le quiere arrebatar su vida. A ella, me gustaría decirle en nombre de todas: "Gracias por pensar en nosotras y suponer que nos falta algo, pero tenemos la vida que queremos o la vida-que-nos-ha-tocado-por-haber-escogido-los-caminos-que-hemos-querido. Deja de tenernos lástima y pensar que queremos ser tú". Si su marido quisiera estar con la amiga, habría tomado decisiones diferentes que le habrían llevado más cerca suyo. ¡Que no concentren sus dudas en los demás! O quizás es justo eso, que la novia no está segura de que él haya decidido lo que de verdad quería.

La clave -me comentan- es que probablemente este tipo de persona sea la que sacrifica a sus amigos cuando la relación se pone seria (porque nunca supo tener una relación de amistad) y espera exactamente lo mismo de su pareja. O quizá precisamente el amigo decidió estar con ella por eso, porque se sentía seguro con una mujer que abandonaba las sospechosas amistades con hombres para centrarse en él. ¿Por qué se permiten este tipo de actitudes (en ambos y recíprocos sentidos)?. Quién sabe. En cualquier caso, estas actitudes cargadas de complejos encumbran a la amiga ¡a la categoría de "soltera de oro"!

Pero sobre todo debemos enfadarnos con ellos, los amigos.

Odio cuando nos dicen de quedar para comer (ya sabes, para no tener que dar demasiadas explicaciones), cuando no nos hablan de sus novias (haciendo del tema un tabú) y cuando nos utilizan. Me explico: a veces nos necesitan más de lo habitual y nosotras respondemos, estamos ahí para ellos. Hasta que de pronto ya no requieren nuestros servicios de amiga, en seco y sin explicación. Ya están mejor o simplemente se apoyan en otras personas, al sentirse culpables de tener tanto contacto con una amiga (porque eso huele, no me digas que no, no está bien visto). Ya vuelven a estar 100% centrados en la novia/mujer/familia, como si eso fuera lo bueno o la única opción correcta. Debe decepcionarnos que ellos no defiendan a la amiga y que no se agarren a esa amistad como para dejar de lado los tópicos.

A la amiga-del-chico-con-novia/mujer/familia se la maltrata. Y ella nunca dicen ni mu, ni se lo reprocha a su amigo porque no quiere perderle. Está ahí incondicionalmente y no pregunta a su amigo por sus intermitentes ausencias para no provocar momentos incómodos (¿incómodos para quién?) y para que no salga a relucir la evidencia: que el amigo tiene la relación de amistad por el mango y hace lo que le viene en gana, porque -obvio- es él el que tiene novia/mujer/familia que atender y eso siempre es lo que más pesa. ¡Supera eso, simple amiga!

¿Por qué seguir manteniendo estas relaciones de amistad? Pues porque cuando son "amigos" son una maravilla. El problema es cuando se ponen la etiqueta de amigo-con-novia/mujer/familia.

Pero no sería justo cargar al amigo con toda la culpa. Supongo que la sociedad Disney/Tronistas/Instagram en la que vivimos desea que haya una "mala" y poner un sombrero de bruja a las amigas. Sin embargo, está en la mano del amigo no caer en esa inercia y que la amiga entre bien en su entorno sin tener que andar pidiendo siempre perdón de antemano.

Así que el amigo haría bien en deshacerse de convencionalismos y abrir la puerta de su casa a la amiga, para que pueda ser bienvenida en el entorno donde reposarán todos los libros que le regale y, a la vez, que su novia/mujer/familia pueda poner cara a esa mala letra de la primera página de los libros que comparten. Aunque a veces parezca que él se empeñe en borrarla, esa mala letra forma parte de él. No, no debe ser tan mala.

1 sept 2013

BarceloIndia #1. Saber es temer

La India es ese país en el que, cuando uno ve pasar un buen coche entre la mugre, mira directamente al asiento de atrás, sabiendo que es inconcebible el binomio aberrante de una carretera sin asfaltar y una carrocería alemana sin el apoyo de un chófer que dé sentido al discurso. Pero la India también es ese país donde una persona tiene una bici para toda la vida, y se ahorra la pamplina de acumular seis modelos de tamaños diferentes en los garajes de casas adosadas todavía por pagar. Y hay que saber ver este tipo de cosas. Al principio uno repara en estas evidencias, que parecen decir "en la India impera la lógica de la naturaleza" y "el resto del mundo está ciego". Como, por ejemplo, que el hombre que hace las llaves, hace las copias a ojo; o que la forma de arroyo que dejan tras su paso las aguas del monzón sirve el resto del año como expositor de un mercadillo.

Envidio esa ligereza de cuando se pisa la India por primera vez. Cree uno que puede adentrarse en casi todas partes, como un curioso que busca nuevos barrios más allá de los que recomienda la guía para turistas que siguen guías. Pero cada vez soy un poco menos turista y un poco más consciente. Al igual que las historias que cuentan algunas personas de aquí ahora me conmocionan y antes -tengo que confesarlo- no (porque era imposible ponerse en la piel de alguien sin conocer bien su contexto social ni cultural), ahora siento mucho más temor e indignación estando aquí porque tengo algo más de contexto, tras dejar la gorra y la cantimplora en casa. Y cuanto más sabes, más miedo tienes.

La legislación para proteger a la mujer en esta sociedad se concibe pensando en su culpabilidad: Prohibida la lencería en maniquíes y su publicidad, prohibido que las mujeres salgan más allá de las 22h en zonas donde vendan alcohol... A veces es mejor vivir con la hipótesis del turista pasajero: "La India, qué país de caos bien entendido, deductivo, sonrisas, colores y sentido común".