14 jun 2012

Barcelonina #4. Contracrónica




Quería decir que nadie nos ha aplaudido.

Nadie lo ha hecho y, a ver, no es que necesitemos que nos 'enjabonen', como se diría en catalán, pero bueno... no estaría de más que dejáramos de oír cómo nos critican sin conocimiento de causa... Que sí, que siempre con respeto hacia los que son mayores que nosotros, pero joder, es muy fácil generalizar y decir que los jóvenes no pegan ni sello desde la altura de otra generación llena de bonanza, de excitación posfranquista, de coche-casa-segunda casa-y-domingos al restaurante, y de madres que regalan tetas pa' la nena en su graduación.

Nosotros tenemos que aguantar insultos como que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Perdón eh, perdón por lo que voy a decir, pero os podéis ir a la mierda. Somos muchos los que estamos con la lengua fuera, que luchamos por conseguir un trabajo, muchas veces nos tenemos que conformar con un puesto que no complace nuestras ilusiones, hacemos horas y días extra que no computan, cobramos sueldos de risa, nos dejamos exprimir hasta la humillación y luego... luego tenemos que aguantar cosas como que "hemos vivido por encima de nuestras posibilidades". Y que somos vagos, y que no tenemos sangre en las venas ni motivaciones, y que... Para nosotros, tener dos hipotecas y 5 créditos no es una motivación. No, gracias.

Solo quería decir que nadie nos ha aplaudido. Vamos un poco justos cada mes pero, por alguna razón, seguimos gastando en libros y en ir a conciertos que nos animan a soñar, a trasladarnos a otro mundo bastante más agradable que el que nos han dejado otros. Para nosotros es un refugio. De vez en cuando cenamos en una taberna, porque sí, porque nos gusta y -uf, bendito viernes- porque lo necesitamos para hacer algo que requiera contacto, improvisación y el entrañable error humano (que de lunes a viernes es inconcebible). Nos gusta hacer cafés (y decirlo así: "hacer un café") en sitios bonitos y aprovechar la consumición para quedarnos tranquilamente pensando, leyendo o escribiendo. Vamos al cine después de un paseo dominical, porque no desperdiciamos ni un momento con nuestros amigos y casi siempre decimos que sí. A veces se nos va un poco de las manos y organizamos calçotadas, unos 20 euros que amortizamos tremendamente bien, porque después del romesco nos estiramos en el césped de la finca y eso -la compañía, prestarnos atención, charlar con todo lo que significa charlar (no hablar mientras se mira el móvil), arremangarnos y tomar el sol, coger el tren juntos fuera de la ciudad- es maravilloso.

Solo quería decir que nadie ha aplaudido nuestra ilusión por hacer este tipo de cosas, una ilusión que genera más riqueza (intelectual, sentimental y económica) que todos los recortes y subidas de impuestos juntos.

Y quizás es trivial, inoportuno si quieres, pero esta es mi contracrónica (¿puede haber coontracrónica si no ha habido crónica?) de la sesión de DJ Coco con la que se cerró el Primavera Sound 2012. Esto es lo que sentí en aquel 'no hay mañana' donde todos decidimos aplaudirnos, porque nadie lo iba a hacer por nosotros.

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