"No tienes estabilidad. Te estoy explicando cómo ser". Me encuentro con esta frase en el bloc de notas de mi móvil. Sigo leyendo. No tengo ni idea de cuándo he anotado esto. Me preocupo, porque en un primer momento estoy convencida de que es imposible de que yo haya escrito eso. Si fuera mío me acordaría, pero no me suena nada. A lo mejor alguien ha cogido mi móvil y le ha dado por dejarme un recado.
Compruebo que fue escrita un domingo a las 4 de la mañana. De verdad que no me ac... ¡Ah!, ya sé: fue en un taxi, con unas copas de más. Cuando oí esa sentencia en la radio, me desperté de mi estado de abstracción y empecé a escribir movida por la fuerza de una confesión en las ondas. Era una conversación en la Cope entre una oyente desvelada por la angustia de la tentación y el locutor, que impartía lecciones de moralidad a unas horas que le conferirían un tono mesiánico o de tarotista -siento no saber distinguirlos bien-.
"Tú te debes a Dios. Luis te ha dicho eso", leo en mis apuntes. Me acuerdo de que llovía bastante y hacía fresco. No tenía sueño, pero iba lo suficientemente borrosa como para transcribir con demasiada torpeza la conversación que oía y que ahora intento descifrar. "No tienes que salir de tu casa. Tu hombre es Juan". Se trataba de una mujer que se debatía entre su marido y su amante, una de esas incógnitas que se quieren resolver a las 4 de la mañana para poder levantarse al día siguiente con soluciones y sin cargas de conciencia. "Además, Juan (el Apóstol, no su marido) dice en el Capítulo 1 que Jesús es la luz verdadera que ilumina a todo hombre", añadió el señor del micrófono. Me estremecí, pero todavía quedaba un poco para llegar a casa y había que aguantar. Estaba claro que el locutor estaba a favor de que ella se quedara con su esposo, pero por si no había quedado claro, insistió: "Hay una canción de Juan Luis Guerra que te dará el mensaje a seguir".
Pinchó el tema a esta señora y yo apunté lo que pude pescar de la letra que sonaba: "Mi Padre me ama tanto que / Su hijo dio por mí / Siempre las gracias le daré / Me ha dado su espíritu y verdad / Te invito mi Señor / A su lado nada temeré... / Mi padre me ama tanto / Su amor es eterno y santo / Tan grande que no puedo entender... / Me viste de ropa fina / Me anhela y me dio su vida / ¡Gloria! ¡Aleluya Padre fiel! / Mi Padre me ama tanto que soy su heredero / Me ha dado su nombre y su poder / Me viste de Gloria y de bondad / Bendito a mí Señor..." y entonces ya se incorporaban unos coros que decían "A mi Dios por siempre saltaré".
Creo que pagué 8 euros con algo de taxi -¡una experiencia impagable!-, aunque no puedo evitar pensar que a la señora anónima le salió gratis y le seguirá saliendo gratis en las madrugadas futuras, Dios Mediante.
Compruebo que fue escrita un domingo a las 4 de la mañana. De verdad que no me ac... ¡Ah!, ya sé: fue en un taxi, con unas copas de más. Cuando oí esa sentencia en la radio, me desperté de mi estado de abstracción y empecé a escribir movida por la fuerza de una confesión en las ondas. Era una conversación en la Cope entre una oyente desvelada por la angustia de la tentación y el locutor, que impartía lecciones de moralidad a unas horas que le conferirían un tono mesiánico o de tarotista -siento no saber distinguirlos bien-.
"Tú te debes a Dios. Luis te ha dicho eso", leo en mis apuntes. Me acuerdo de que llovía bastante y hacía fresco. No tenía sueño, pero iba lo suficientemente borrosa como para transcribir con demasiada torpeza la conversación que oía y que ahora intento descifrar. "No tienes que salir de tu casa. Tu hombre es Juan". Se trataba de una mujer que se debatía entre su marido y su amante, una de esas incógnitas que se quieren resolver a las 4 de la mañana para poder levantarse al día siguiente con soluciones y sin cargas de conciencia. "Además, Juan (el Apóstol, no su marido) dice en el Capítulo 1 que Jesús es la luz verdadera que ilumina a todo hombre", añadió el señor del micrófono. Me estremecí, pero todavía quedaba un poco para llegar a casa y había que aguantar. Estaba claro que el locutor estaba a favor de que ella se quedara con su esposo, pero por si no había quedado claro, insistió: "Hay una canción de Juan Luis Guerra que te dará el mensaje a seguir".
Pinchó el tema a esta señora y yo apunté lo que pude pescar de la letra que sonaba: "Mi Padre me ama tanto que / Su hijo dio por mí / Siempre las gracias le daré / Me ha dado su espíritu y verdad / Te invito mi Señor / A su lado nada temeré... / Mi padre me ama tanto / Su amor es eterno y santo / Tan grande que no puedo entender... / Me viste de ropa fina / Me anhela y me dio su vida / ¡Gloria! ¡Aleluya Padre fiel! / Mi Padre me ama tanto que soy su heredero / Me ha dado su nombre y su poder / Me viste de Gloria y de bondad / Bendito a mí Señor..." y entonces ya se incorporaban unos coros que decían "A mi Dios por siempre saltaré".
Creo que pagué 8 euros con algo de taxi -¡una experiencia impagable!-, aunque no puedo evitar pensar que a la señora anónima le salió gratis y le seguirá saliendo gratis en las madrugadas futuras, Dios Mediante.
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