14 may 2013

BarceloNina #34. Faroles y farolas

El futuro interesa, crea empleo y dinamiza la economía, eso que se dice ahora para designar un bien común curiosamente impalpable para la mayoría. Las predicciones están a la orden del día, sea cual sea el campo que se quiera abordar. ¿Materia medioambiental? Tenemos de todo: previsiones a corto, medio y largo plazo, con todos los escenarios posibles. ¿La manifestación del próximo fin de semana? ¿La del mes que viene? Ahora mismo se publicará un cálculo aproximado al respecto (¡da igual que ni si quiera se pongan de acuerdo con las cifras de asistentes una vez ya ha finalizado!). ¿Las intenciones de voto para las elecciones que se celebrarán en dos años? También. ¿El estado de nuestra economía en 15 años mientras ni si quiera tenemos presupuesto para el actual? Pues sí, y con ración diaria de predicciones para que nos vayamos haciendo a la idea.

Estas elucubraciones son una fábrica de miopes capaces de leer en una pantalla a un palmo de sus ojos todas estas estadísticas y números, pero no la farola con la que están a punto de chocar, dos metros por delante suyo. Nos dejamos llevar por informes de auditorías y cámaras de comercio, por promesas políticas a largo plazo, por las palabras de brókers modernos y economistas originales... cuando, en realidad, nunca ha importado tanto el presente como ahora.

Las noticias van plagadas de porvenir. Por ejemplo: se prevé que en el puente de Semana Santa habrá no sé cuántos millones de desplazamientos (¡pero si yo ni a jueves santo sé lo que voy a hacer!). El aumento de reservas a última hora no es cuestión de precio (se encuentran más ofertas reservando con antelación), sino a que vivimos a un ritmo que no nos permite calcular si dentro de dos meses tendremos trabajo, si nos llamarán de la lista de operaciones de la sanidad pública, si seguiremos con la misma pareja, si al final aprovecharemos el verano para venderlo todo y empezar de nuevo...

Deberíamos asumir que no sabemos lo que pasará en el futuro. Cualquier conjetura es nebulosa y por ello cualquier decisión es un riesgo. Es más sensato decir "no sé" que servirnos de pretextos salidos de bolas de cristal y verbalizados por tertulianos bárbaros que se apoyan en "presuntos" e "hipotéticos". Para qué pronosticar escenarios y soluciones mientras hipotecamos nuestro presente, lo más rotundo y real que tenemos. Ojo con la farola.

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