El running, otra cosa que hemos hecho por encima de nuestras posibilidades. Los que corren no son nadie, para eso hay que ser runners con 20.000 gadgets: pulsómetro, iPod, chip, minicámara... y siempre perfectos. Cuarentones abocados a retos estúpidos. El deporte está bien, tener propósitos también, pero hay un punto en que se nos va de las manos, el menor tris en que desde fuera se pregunta uno qué tipo de carencia tienen en su vida y por qué no hacen nada más que eso. Como todo, está bien con cierta medida. Pero como son monomaniacos en un gran estado de forma, nadie se cuestiona el delirio.
Señores y señoras bien, maduros, profesionales liberales que se pelean por los periódicos de la pastelería a la que van a desayunar cada mañana, un clásico barcelonés. Si ellos no compran periódicos, ¿quién?.
Pocas cosas hay tan vomitivas como los reportajes de moda infantil en dominicales. Niños poniendo cara de malotes, cruzando los brazos; crías con la boca medio abierta, haciendo gestos seductores sin siquiera haber probado la seducción. Luego vemos por la calle a princesitas de 12 años con americanas, vestidas igual que sus mamás, hablando igual que sus mamás, resultando odiosas (que se parece a "diosa") como sus mamás... y nos sorprende que haya tanto que desmaquillar.
Señores y señoras bien, maduros, profesionales liberales que se pelean por los periódicos de la pastelería a la que van a desayunar cada mañana, un clásico barcelonés. Si ellos no compran periódicos, ¿quién?.
Pocas cosas hay tan vomitivas como los reportajes de moda infantil en dominicales. Niños poniendo cara de malotes, cruzando los brazos; crías con la boca medio abierta, haciendo gestos seductores sin siquiera haber probado la seducción. Luego vemos por la calle a princesitas de 12 años con americanas, vestidas igual que sus mamás, hablando igual que sus mamás, resultando odiosas (que se parece a "diosa") como sus mamás... y nos sorprende que haya tanto que desmaquillar.
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