Antes de nada, quiero explicar el origen de esta afición. Hace unos dos años leí la novela Masumiyet Müzesi (El Museo de la Inocencia), del Premio Nobel de Literatura turco Orhan Pamuk. Me apasionó. Cuando acabé de leerla, todavía no estaba terminado el museo en Estambul concebido en paralelo al libro, así que cuando, estando en Nueva Delhi se me presentó la oportunidad de ir a la Feria del Libro de Jaipur en la que participaba Pamuk, pensé que sería un buen sucedáneo mientras tanto. Mentiría si dijera que en ese momento decidí ir víctima del fenómeno fan; simplemente sabía que él estaría y eso fue una gran motivación, pero supongo que si no hubiera confirmado su asistencia yo habría ido a Jaipur de todos modos.
Ahora, días después de haber estado finalmente en el Museo de la Inocencia en Estambul, he notado que me he convertido en una especie de embajadora del libro-museo. Como no he oído hablar a nadie acerca de esta historia, ni nadie de mi entorno la ha leído o visitado, se ha convertido en mi cosa. Este 'secreto' me ha aportado una satisfacción enorme y, como es un descubrimiento que siento mío, lo vivo prácticamente como si formara parte de su creación. Obviamente no me atribuyo la autoría pero sí comparto la felicidad del autor de una forma muy personal (probablemente como otros lectores, aunque no los haya conocido). La exclusividad hace que cualquier cosa nos parezca más emocionante. Pero ya se sabe que si la exclusividad no se comparte, no es exclusiva. Así que aquí va.
Al entrar en el Masumiyet Müzesi (El Museo de la Inocencia), en el barrio de Çukurkuma de Estambul, no sabes si lo que está viviendo es apasionante o bochornoso; no sabes si sacar el libro que llevas en el bolso e ir leyendo pasajes de cada uno de los capítulos a medida que contemplas las vitrinas que les corresponden en el museo, o de lo contrario mirar a lado y lado antes de abrir la puerta para comprobar que nadie te ha visto entrar a este universo macabro. Lo primero que ves en la planta baja del piso es una pared cubierta, del suelo al techo, por 4.213 colillas de los cigarrillos que fumó el protagonista de la novela, Kemal, o de la gente que le rodeó a lo largo de los ocho años de su historia de amor. La mayoría de colillas tienen incluso una pequeña nota escrita a mano con información como la fecha en que se fumó o la situación que motivó una calada tan larga… Después de esta excentricidad -la primera-, que hace que te compadezcas del pobre Kemal, encuentras una cita suya: "It was the happiest moment of my live, though I didn’t know it"). El oxímoron de un sufrimiento feliz.
El Museo de la Inocencia es una novela y museo que Pamuk concibió juntos, aunque el museo lo acabó hace solo cuatro meses. La novela explica la difícil historia de amor entre Kemal y Füsun, en los años 70 en Estambul. La explica por capítulos y cada uno de ellos hace referencia a un objeto o una idea que formó parte de su historia. En el museo, cada capítulo ocupa una vitrina con objetos que literalmente formaron parte de la historia o que representan una idea.
El origen de la colección recae en el vicio de Kemal de ir recopilando todo lo que de alguna manera estaba relacionado con su amor a medida que éste acontecía, al principio de forma improvisada e inconsciente y después deliberadamente. Cuando se fue dando cuenta de la dimensión de su colección, entendió que era su obsesión y medicina: la única manera de calmar su dolor cerca de los objetos que ocuparon momentos de su enamoramiento, una canción de cuna que le relajaba. Recordando a través de ellos se tranquilizaba y revivía su pasado en paz. De lo contrario le invadía una ansiedad inhumana. Con los objetos se regocijaba en su dolor, porque era lo más intenso que había vivido y porque no tenía más que eso. El museo cobró forma después de morir Füsun en una trágico accidente. Kemal decidió que sus objetos merecían ser expuestos y enseñados con orgullo, lejos de avergonzarse de su obsesión, y así montar un museo en la casa donde ella vivió y en la que transcurrieron la mayoría de momentos que pasaron juntos, para convertirla en un tributo a su memoria y a esta historia de amor.
El último piso del museo es el único en el que no hay vitrinas. Pocas cosas más aparte de una cama, una mesita de noche, una silla y unas fotos colgadas en la pared. Es la reproducción de la antigua habitación de Füsun, en la que Kemal estuvo durmiendo desde que empezó a montar el museo hasta que murió en 2008.
Además del maravilloso drama, el museo es también interesante como baúl costumbrista. Vestidos, pasadores de pelo, saleros, columnas de cotilleo de periódicos de la época, medicamentos, cromos, postales, películas, cartones del bingo, vasos y vasos de raki, lápices, tinta, peines, mapas… Esta es la historia y museo que se ha inventado Orhan Pamuk a través de Kemal. Con la excusa, consigue explicar los años 70 de la capital turca, cómo vivía la clase media-alta de entonces y todos los recuerdos que forman parte de su infancia y adolescencia. Es difícil no preguntarse si Pamuk es en realidad Kemal, porque aunque el autor haya ideado esta novela-museo alrededor de una ficción, el proyecto es tan intenso que cuesta pensar que alguien es capaz de entramarlo sin tener -lo que en realidad nos mueve a todos para todo- una implicación personal.

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