14 oct 2012

Barcelonina #12. Al séptimo día


Si los horarios comerciales se amplían, no tendremos el deleite de los domingos. En general no suelen gustar, porque se activa la alarma del despertador del lunes y porque no hay nada que hacer, aunque ese es precisamente su valor. El domingo es el día más productivo -improductivamente hablando- de la semana.

Cuándo si no se puede uno comer el crustó del pan de camino a casa, con la sensación de que no hay nadie por la calle y que nadie le mira. Son días en los que se está en casa y se hacen cosas que solo se pueden hacer los domingos, como ordenar cajones, sentarse en el suelo a mirar fotos, sacar la ropa de invierno, ver películas que ni fu ni fa (porque no hay mucha opción ni tampoco demasiadas exigencias) y ponerse ropa que nunca se pondría uno a no ser de que se tratara como se trata de un domingo fresco y sin perspectivas. Conseguir leer más de 50 páginas seguidas de un libro. Usar la manta. Darse por comido con un sencillo vermut o comer para cinco días con una señora paella. Beber café para relajarse y no por necesidad. Hinchar la bici. Pasear por la Rambla Catalunya con todo cerrado, sin mirar escaparates, solo por caminar y sin rumbo fijo. "Te acompaño a casa".

Progreso no es abrir las 24 horas, es saber que tiene que haber momentos para bajar la persiana. 

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