12 abr 2013

Barcelonina #28. Extraescolares

Tiene que ir a un par de presentaciones de libros que le dan mucha pereza. Una de ellas es de un memo vendemotos que se ha montado un personaje en torno a su persona y la gente lo ha encontrado convincente. Está vacío de carisma y lleno de tópicos, pero así es su público y por eso tiene uno. Encima, se tendrá que comprar el libro y pedirle que se lo firme, claro, y se apuesta a que escribirá en la primera página un aforismo de Gandhi o algo así. ¡Tarugo...!

Además, no tiene tiempo para ir a tantos compromisos. Es que ahora hace bueno y le apetece pasear y que le dé el sol, y siente que quiere hacer mil cosas pero no puede. Ahora se arrepiente de haber dicho que él es muy de Sant Jordi, porque va a tener que huir de la ciudad para no aguantar ese día maravillosamente solo, regalándose él a sí mismo un libro, como si lo comprara para otra persona. "Sí, envuélvalo para regalo". Además, su adicción a los extraescolares para adultos no le concede muchas horas libres. Se siente mal y tiene que amortizar todas las matrículas, mensualidades y gastos: el gimnasio, el curso de escritura, el txoco que cogió con sus amigos, la bici plegable, el curso de photoshop a distancia.

Debería ir al médico de la alergia y poner alguna flor en el balcón. El otro día su madre fue a verle al piso y le dijo que daba pena... ¡Uy!, y también tiene que quedar con el sobrino de una amiga, que este año escoge carrera y necesita consejo sobre la rama a la que él se dedica una media de 10 horas al día, 50 a la semana, demasiadas al final de mes. No sabe qué decirle. Quizá, que no estudie nada. Todos los anuncios de universidades prometen grandes futuros laborales y supone que no podrá luchar contra esos chavales repeinados y sonrientes. Le apetece ir a tomar una caña con su amigo, pero sabe que hoy él no podía porque había ido con su novia a un taller de cupcakes. Están en ese punto en que él se pone un delantal y ella unas mallas para compartir su afición por la bici junto a él. Cree que no tardarán en casarse. Piensa que ojalá pudiera pedir en las bodas que le sirvieran menos comida y así no verse obligado a hacer ingresos de dinero indecentes a cuentas corrientes que -muy educadamente- se incluyen en la invitación al banquete, en cursiva.

Va a ir a tomarse la caña él solito. No va a dejar de hacer lo que le apetece, ¿no? Se cruza con una señora de la limpieza que sale de un portal con una bolsa de cartón de estas de boutique cara. Se la habrá robado a la 'señora' y la paseará hasta la periferia. Ya anochece y ha refrescado, pero el grupo de turistas que pasa por su lado van vestidas muy de clima ecuatorial, con flores en la cabeza. ¿Qué tendrá que ver Hawái con Barcelona? Tiene que comprar flores para el balcón, que no se le olvide.


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