Cojo el autobús al aeropuerto. Dejo atrás una rutina en la que hay una plantilla para cada tipo de momento creativo que pueda surgir. Desde que Barcelona está llena de "Compro oro", tenemos una palabra para definir ese color amarillo humillante, y eso es de agradecer. Pues bien, el chico de delante lleva una chaqueta de color amarillo "Compro oro". Leo en su ordenador un texto, pero solo me fijo en una frase y después paro; una concesión indiscreta y no más, me digo: "Dylan decía que de joven se sentía viejo". Me dirijo hacia la ciudad más joven de Francia, y eso me hace sentir arrugada.
"Embarquen asientos de la fila 15 a la 31". Joder, ¿tan difícil es de entender? Usted tiene la fila 8, manténgase a un lado de la cola hasta que sea su turno... Hay cosas que solo consigues cuando no estás en la ciudad de la que eres o en la que vives, incluso en un contexto tan extraño y de pudor ajeno como el de la coreografía de las azafatas dando instrucciones de seguridad en el pasillo del avión.
Me la juego con un postre que no sé lo que significa. Paseo por un laboratorio de ideas y juego en una cancha de baloncesto con 5 canastas. Pierdo la vergüenza a estar sola en un restaurante y la vuelvo a recuperar, todo en una misma comida. Paso frío y calor a la vez. Me reencuentro con una amiga y pedimos un pichet du vin rouge. Llegamos a la conclusión de que estamos todo el día fijándonos más en la forma que en el contenido, para disimular que el contenido no tiene chicha suficiente.
He dormido mal pero estoy descansada. Creo que nunca he dado tanto los buenos días ni he pedido tantas cosas por favor. Como si me hubiera hecho un tratamiento exfoliante, siento que me he desprendido de las pieles muertas y ahora me siento desnuda, libre pero con pudor. No hace falta ir a otro continente con una mochila de excursionista a buscar el sentido de las cosas. El eslogan que se me repite es "habrá un Nantes y un después". Y la publicidad es absurda pero efectiva.
"Embarquen asientos de la fila 15 a la 31". Joder, ¿tan difícil es de entender? Usted tiene la fila 8, manténgase a un lado de la cola hasta que sea su turno... Hay cosas que solo consigues cuando no estás en la ciudad de la que eres o en la que vives, incluso en un contexto tan extraño y de pudor ajeno como el de la coreografía de las azafatas dando instrucciones de seguridad en el pasillo del avión.
Me la juego con un postre que no sé lo que significa. Paseo por un laboratorio de ideas y juego en una cancha de baloncesto con 5 canastas. Pierdo la vergüenza a estar sola en un restaurante y la vuelvo a recuperar, todo en una misma comida. Paso frío y calor a la vez. Me reencuentro con una amiga y pedimos un pichet du vin rouge. Llegamos a la conclusión de que estamos todo el día fijándonos más en la forma que en el contenido, para disimular que el contenido no tiene chicha suficiente.
He dormido mal pero estoy descansada. Creo que nunca he dado tanto los buenos días ni he pedido tantas cosas por favor. Como si me hubiera hecho un tratamiento exfoliante, siento que me he desprendido de las pieles muertas y ahora me siento desnuda, libre pero con pudor. No hace falta ir a otro continente con una mochila de excursionista a buscar el sentido de las cosas. El eslogan que se me repite es "habrá un Nantes y un después". Y la publicidad es absurda pero efectiva.










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