1 sept 2013

BarceloIndia #1. Saber es temer

La India es ese país en el que, cuando uno ve pasar un buen coche entre la mugre, mira directamente al asiento de atrás, sabiendo que es inconcebible el binomio aberrante de una carretera sin asfaltar y una carrocería alemana sin el apoyo de un chófer que dé sentido al discurso. Pero la India también es ese país donde una persona tiene una bici para toda la vida, y se ahorra la pamplina de acumular seis modelos de tamaños diferentes en los garajes de casas adosadas todavía por pagar. Y hay que saber ver este tipo de cosas. Al principio uno repara en estas evidencias, que parecen decir "en la India impera la lógica de la naturaleza" y "el resto del mundo está ciego". Como, por ejemplo, que el hombre que hace las llaves, hace las copias a ojo; o que la forma de arroyo que dejan tras su paso las aguas del monzón sirve el resto del año como expositor de un mercadillo.

Envidio esa ligereza de cuando se pisa la India por primera vez. Cree uno que puede adentrarse en casi todas partes, como un curioso que busca nuevos barrios más allá de los que recomienda la guía para turistas que siguen guías. Pero cada vez soy un poco menos turista y un poco más consciente. Al igual que las historias que cuentan algunas personas de aquí ahora me conmocionan y antes -tengo que confesarlo- no (porque era imposible ponerse en la piel de alguien sin conocer bien su contexto social ni cultural), ahora siento mucho más temor e indignación estando aquí porque tengo algo más de contexto, tras dejar la gorra y la cantimplora en casa. Y cuanto más sabes, más miedo tienes.

La legislación para proteger a la mujer en esta sociedad se concibe pensando en su culpabilidad: Prohibida la lencería en maniquíes y su publicidad, prohibido que las mujeres salgan más allá de las 22h en zonas donde vendan alcohol... A veces es mejor vivir con la hipótesis del turista pasajero: "La India, qué país de caos bien entendido, deductivo, sonrisas, colores y sentido común".




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